Analizamos las ventajas y desventajas de una vivienda nueva o una vivienda usada. 

Encontrar una casa para comprar acostumbra a ser un quebradero de cabeza, agravado por el dilema que se presenta sobre si es mejor adquirir una casa usada y reformarla a tu gusto o comprar una vivienda nueva, lista para entrar a vivir, pero sin haber participado en cuestiones fundamentales sobre su distribución o acabados. A continuación, analizamos qué hay que tener en cuenta a la hora de optar por una u otra solución.

La vivienda nueva, salvo contadas excepciones, generalmente tiende a ubicase en barrios periféricos o fuera de las ciudades. Lo bueno es que se pueden ocupar de inmediato y, por lo general, no dan sorpresas. Aun así, en ocasiones pueden presentar algunos defectos ocultos que pueden ir apareciendo a medida que la casa entre en funcionamiento. En este sentido, conviene saber que cuentas con 10 años de garantía al respecto.

Este tipo de vivienda es más eficiente, ya que se ajusta a las últimas normativas en materia de ahorro energético, salubridad, seguridad, protección ante incendios, etc. Si tienes varias ofertas, estudia la memoria de calidades de los materiales y los sistemas empleados para la calefacción o el calentamiento de agua sanitaria, así como los gastos de comunidad. También valora sus prestaciones extras: si tiene piscina, áreas verdes, zona deportiva, con qué transporte público, escuelas y comercios cuenta alrededor, etc.

Y ya que inviertes en un inmueble nuevo, trata de que incluya el mayor número posible de prestaciones y que tenga una distribución actual, como puede ser la cocina integrada en la zona de día, un dormitorio en-suite, un vestidor o armarios empotrados, una cocina completamente equipada, ventilación cruzada, luz natural de calidad, protecciones solares, buena orientación, etc. Busca detalles que den un valor añadido a tu piso nuevo, como esta piel calada realizada en cerámica que vemos en el proyecto de la imagen, que protege al muro interior del sol proporcionando ventilación y privacidad, asegurando por otro lado un envejecimiento noble.

En la ciudad, por el contrario, la mejor oferta se encuentra en las viviendas de segunda mano. Es importante estudiar la operación teniendo en cuenta las posibilidades que presente cada caso: si hay necesidad o no de hacer reformas, si admite futuras ampliaciones, el coste de su mantenimiento, etc.

En los últimos años el mercado de la vivienda usada está en alza. Este hecho se debe principalmente a dos razones. Por un lado, generalmente cuenta con una amplia oferta en localizaciones céntricas y tiene un precio de media un 30 por ciento más barato que la vivienda nueva. Además, tiene una menor carga fiscal, puesto que en la nueva te aplican un IVA del 10%, mientras que en la usada se ha de pagar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales en Madrid es del 6%.

Por otro lado, si requiere una reforma la vivienda se revalorizará muy por encima de su valor. La gran ventaja es que estas viviendas usadas suelen ser más grandes, por lo que con una reforma que contemple una redistribución actualizada de los espacios podrás contar con una casa hecha a tu medida.

La principal intervención que hay que hacer a la hora de reformar un piso de segunda mano es redistribuirlo para conseguir una vivienda actual, con espacios más funcionales, más fluidez en las circulaciones, luz natural, etc. Incorporar aislamiento termo-acústico en las paredes que dan a espacios comunes, carpinterías, medianerías y forjados es otra de las opciones que hay que considerar, al igual que las soluciones de montaje en seco, como trasdosados de cartón-yeso, tableros de fibras de madera, vidrio, madera, tarimas, etc. para acortar tiempos en la ejecución, reducir los escombros, y evitar sobrecargas. Si te decantas por un ático, además podrás disfrutar de otro tipo de ventajas, como la posibilidad de disponer de una terraza amplia, de poder incorporar ventanas de techo e, incluso, estufas de combustión a leña o a pellet para una calefacción más eficiente.

Un piso antiguo también tiene encantos ocultos que pueden potenciarse. Por ejemplo, son muy agradecidos a la hora de dejar a la vista pilares, columnas de hierro, paredes de ladrillo, bovedillas curvas, viguerías, etc. porque le dan una nota de singularidad a la casa. Al tratarse de obras de acondicionamiento interno, no requieren permisos de obra mayor, ni están sujetas a normativas, salvo las que afectan a elementos comunes o estructurales. También puedes acogerte a algún plan de ayudas a la rehabilitación.

En estos momentos diríamos que las dos opciones son buenas y va en función al plan de vida y prioridades de cada núcleo familiar.